Octubre 21, 2011 | En: Quejartículo

Evaluación y acreditación universitaria en Latinoamérica

Como de costumbre, hoy les voy a platicar sobre la podredumbre espiritual de la sociedad occidental y la decadencia de la civilización humana por su propia causa, ¿listos pa rockear?

Actualmente estoy haciendo mi maestría en docencia superior en Panamá, aprendiendo las nuevas técnicas de tortura y todo eso. La historia de la educación es amplia, podemos remontarnos a la academia platónica, al liceo aristotélico, o incluso a las primeras tradiciones orales, y de ahí hablar por siglos y siglos. Pero hoy les voy a platicar del sistema educativo moderno, que vivimos todos como estudiantes o profesores.

Erase una vez en la década de 1990 una niña pobre llamada Latinoamérica, que vivía temerosa de morirse por anacronía. Si bien pudo recibir un padrastro más bien le llegó un padrote, cuando un ente llamado Banco Mundial sintió su miedo y la adoptó bajo su casa. Desde esos tiempos el Banco Mundial otorga créditos a los latinos para mejorar nuestros niveles de educación, y permitirnos pasar de ser “países en desarrollo” a… “países no tan horriblemente miserables”.

El plan consistía en crear agencias de acreditación y evaluación universitarias, es decir, un grupo de señores que visitaría las universidades de Latinoamérica, para ver si cumplen con los más altos estándares de educación, por ejemplo: que no haya cucarachas en los salones, que no haya maestros analfabetas, y que las carreras sean las apropiadas para saciar las exigencias de un modelo de producción capitalista. Países como México, Panamá, Colombia, Argentina, Brasil, entre otros, han recibido los apoyos del Banco Mundial para crear agencias de acreditación y evaluación universitarias, creando junto con ello leyes para regularlas. Todo esto ateniéndose a las particularidades de cada país, pero con la misma intención en mente: regular la educación.

Algunos revoltosos, como los argentinos, en un principio se opusieron a que una agencia externa llegara a sus universidades a platicarles cómo se deben hacer las cosas, y sintieron que eso atentaba contra la autonomía universitaria, porque de hecho claro que lo hacía. El sentimiento más o menos permanece en general por Latinoamérica, pero el sistema fue aceptado poco a poco en pos del progreso económico, para ser todos unos señores “países en desarrollo”. Es maravilloso ese lenguaje eufemístico, porque ahora resulta no existen países pobres: existen países en desarrollo, o con desarrollo pendiente, o con desarrollo coming soon¡pronto en cines!… Pero no existen países pobres. Vivimos en un mundo maravilloso, en fin.

Volviendo a las instituciones de evaluación y acreditación, en Argentina existe el CONEAU (Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria), en Panamá el CONEAUPA (Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria de Panamá, que tuvo muy poca imaginación para su nombre),  en Colombia el SNA (Sistema Nacional de Acreditación), en México son como cinco o seis, incluyendo el CONACYT y la FIMPES, sólo por mencionarles algunos ejemplos para mostrar la realidad del problema que enfrentamos: la educación mercantilizada.

Estas instituciones, dependiendo de los gustos y leyes del país, se encargan de regular y evaluar programas, carreras, maestros, instalaciones, alumnos, y todo lo relacionado con una universidad. Algunas de ellas se preocupan más por las carreras, otras más por los programas, otras por los docentes, otras por la investigación, otras que sí, otras que no, pero lo que todas tienen en común es que pretenden crear un lineamiento para dictar a nivel nacional (e internacional, aunque esto no se ha logrado aún) la forma en que debe funcionar una universidad.

¿Cómo es que estos sesudos lineamientos representan un problema? Por ahí en clases escuché a alguien decir que “lo hacen para atender las necesidades”, ¿pero las necesidades de quién? Además, no confundamos eso con deseos, la diferencia entre una necesidad y un deseo es que yo necesito el agua para vivir, pero yo deseo el agua para tener una piscina. Vamos a revisar cómo funcionan las cosas en la realidad actualmente, que es por deseos: una carrera no nace para satisfacer mis necesidades de casa, vivienda, comida, y vestido. Debería, pero no.

Uno esperaría que la gente estudie medicina para ayudar a la gente que necesita curarse, o que la gente estudie inteniería para ayudar a la gente que necesita hacer un puente. No es así, por ahí tenemos en el mundo un medicamento contra el cáncer que no se ha comercializado porque no es redituable para las farmacéuticas. Miremos a Panamá de manera análoga: es un país lleno de grandes empresas transnacionales, en su mayoría extranjeras, un país lleno de publicidad hasta el punto de la contaminación visual. Donde el marketing es primordial, es natural que exista una gran demanda de mercadólogos. Pero esa demanda no la ponen los sectores necesitados de la población. Pedrito el indio no necesita más mercadólogos, no necesita nuevas campañas de Sony, lo que necesita es un modelo de producción que le permita vivir con dignidad. Los que sí necesitan mercadólogos son los millonarios, las grandes empresas transnacionales, en su mayoría extranjeras, que serán los únicos beneficiados de la creación de esas carreras, y claro en segundo lugar, los empleados de esas mismas empresas que nunca durarán demasiado en ellas, pues se estima que para este siglo un profesionista tendrá un promedio de 30 a 40 empleos en su vida. Y no es de sorprenderse, porque para una empresa es más barato tomar un recién graduado, entrenarlo, exprimirle las ganas, y luego cambiarlo por otro recién egresado cuando el primero comience a exigir más sueldo. Es merecedor de mención el caso de los abogados: en el mundo hay más abogados estudiando en las universidades que ejerciendo en las calles. Tenemos una crisis de sobrepoblación de abogados, ¿a alguien se le ocurre una solución?… ¡Eureka, vamos a crear más leyes! ¿Qué tal sobre la acreditación y evaluación universitaria? Merezco un premio por mi idea.

En Latinoamérica hablamos de tener una educación deficiente. En el salón de clases hay muchos factores complicados que relativizan el proceso educativo, por una parte desde luego que depende del alumno aprender, ya que incluso con un mal profesor un buen alumno aprenderá lo que necesita por sus propios medios. Por otra parte es cierto que hay maestros que dan el mínimo (parecido a nuestro salario, juarjuar), pero también hay profesores con excelentes herramientas didácticas, y aparte de saber mucho de su tema logran comunicarlo para crear interés en el alumno. La docencia es trabajo del maestro, pero la educación es un trabajo en equipo, siempre, es lo que nos propone el constructivismo. La educación puede tener muchas cosas que la hagan fallar.

Pero yo creo que el problema de la educación no reside en el salón de clases, o al menos, la mayoría del problema se encuentra afuera de él. Y no hablemos de política, olvidémonos de eso, como dice George Carlin, los políticos están allí para hacernos creer que tenemos una elección: no la tenemos. Tenemos dueños. Los millonarios que son dueños de la tierra, de las empresas, de los empleos, y de todo, son los únicos que realmente ponen los estándares para que las universidades creen sus programas de educación. Es decir que si en mi pueblo llega una empresa transnacional de televisión, las universidades pondrán carreras de comunicación cagando hostias. Si Panamá está llena de empresas transnacionales y marketing, las universidades responderán con una oferta de carreras de marketing, mientras que la materia de filosofía desaparece de la educación media según reportes de la Universidad de Panamá porque “no hay demanda”. En México ocurre lo mismo con la filosofía. No hay demanda para pensar, después de todo quién necesita la filosofía si Descartes no te enseña a hacer animaciones en Flash. Últimamente la ley de la oferta y la demanda favorece más a los deseos que a las necesidades.

La ideología del sistema educativo es la siguiente: crear capacitados que luego se conviertan en empleados de una empresa, con cualidades pinkys como capacidad de liderazgo y resolución de problemas. Claro, hace falta que resuelvan los problemas de los jefes, mientras los problemas del mundo bien gracias. Es curioso que nadie se sienta ofendido por esos términos, porque lo que dicen es que únicamente desean de tí que seas capaz de hacer algo para emplearte. Por un ratito. A nadie le interesa que seas una persona crítica y brillante, tu idiosincrasia no vale. Hace años lo leí textualmente de un libro de administración de empresas, justito en la primera página: “la administración de empresas se encarga de eliminar idiosincrasias“. Tampoco nos ofendemos de que nos llamen consumidores, yo al escuchar esa palabra pienso en Godzilla comiéndose los edificios de Tokyo, o en una plaga de proporciones bíblicas que destruye al planeta, consumidores, es lo que somos. Hasta tenemos procuradurías del consumidor para proteger nuestro derecho a consumir, qué bonitos y satisfechos consumidores somos. Capacitados, empleados, y consumidores sin idiosincrasia, ¡bieeen chicos!

Las empresas, los empresarios no necesitan personas críticas con capacidad de raciocinio que puedan desafiarlos. O tal vez sí, pero nunca lo hemos intentado. Mientras tanto todo mundo quiere producir, producir, producir, y nadie se detiene a pensar qué es lo que necesita la sociedad… porque esa es otra, la sociedad ya no contrata sociólogos. “Deja de mirarme raro, ¡estoy bien!”, dice la sociedad, y la sociedad está bien, hasta que la economía global se desmorona porque nadie se puso a pensar que quizá no era sustentable imprimir dinero sin fondos, literal y metafóricamente hablando. Los ejemplos de esto son demasiados, basta con ver un mal desarrollo urbano en cualquier rincón del mundo. Aquí en Panamá hace unas semanas hablábamos de lo maravillosa que es la educación en Chile, porque cada escuela tiene lo último en computadoras, hoy leemos que en Chile los estudiantes se salen de sus escuelas porque no pueden costear la educación, ¡es carísima! Pero nadie se puso a hacer filosofía sobre la educación, antes de empezar a meterle puertos USB a todo lo que se mueva, como si fuera una manía obsesiva.

Yo pienso que está muy bien lo que quiere hacer el Banco Mundial, aunque no tenga las más nobles intenciones, y creo que sería excelente si Latinoamérica, o incluso el mundo entero, pudiera ponerse de acuerdo en lo que necesitamos en cuestión de educación, y en las personas que queremos crear para el futuro de nuestra especie: no para el beneficio de unos pocos, sino de todos, y evitar crisis como la que estamos viviendo hoy. Tenemos que dejar de ser homo capacitus para volver a ser homo sapiens, volver a pensar pero esta vez de manera colectiva… homo collectus o una chingadera así,  yo hubiera sido excelente para ponerle nombres al correcaminos. Y desde luego parte trabajar juntos significa mirar críticamente y con cautela estos programas de acreditación y evaluación, no es del todo cierto el cuento de que el Banco Mundial es de la ONU, para nada, el Banco Mundial es la puta más fina de Estados Unidos. Ahora imaginemos de dónde vienen nuestros programas educativos, y para qué. Pero para mí la culpa no la tienen ni los alumnos, ni los maestros, ni los empresarios, ni los gringos, ni el primer homo sapiens cabrón a quien se le ocurrió crear un sistema de moneda. El problema es colectivo y todos somos parte de él, la sociedad occidental está enfermita y necesita que la curen, pero quién nos curará del fuego sordo.

Lean a Jung.

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