Septiembre 7, 2011 | En: El Narrador
Estudio arquetípico sobre el impacto de M.M.A. en la mente humana.
La idea de Dios interesó a Jung durante toda su vida, en especial la posibilidad de que nuestras vidas lograran establecer una conexión con una realidad infinita. En palabras de Jung, todo su pensamiento giraba alrededor de Dios, igual que los planetas giran alrededor del sol.
Pero, ¿qué Dios le interesaba a Jung? Definitivamente no el de la religión, que aprendió a rechazar desde niño. Un tema recurrente en la obra de Jung es que el Dios convencional está muerto, en el mismo sentido en que lo decía Nietzsche. A primera vista parece que Jung es un seguidor del ateísmo puro de Nietzsche, pero para Jung era demasiado importante conectarse con aquel mundo inconsciente, metafórico y representativo, que forma parte de nuestra psique.
Igual que Nietzsche, Jung creía que el Dios de la religión estaba muerto, porque lo habíamos matado con demasiada piedad. Es decir, lo volvimos hueco, limitado, bueno, dietético. Sofocamos la vitalidad de Dios, que va más allá de la moralidad y los valores, y le dimos a Dios la forma de nuestros ideales morales, debilitando su imagen. La distancia entre nuestra pobre imagen religiosa de Dios y la realidad incomprensible de Dios se ha ensanchado más y más, provocando que la imagen se separe de la realidad, se vacíe de significado, y se derrumbe gracias a su artificialidad e incredulidad.
Hemos causado la muerte de Dios porque nuestra imaginación religiosa ha sido débil e incapaz de abarcar la majestad de la naturaleza divina, es decir de nuestra propia naturaleza; perdimos esa conexión con el inconsciente colectivo, y la re-ligión moderna ha fallado en su intento de re-ligarnos con él. Hemos reducido la bella metáfora y significado de Dios a un hombrecillo moralista en el cielo, que se sienta en una nube mirando con reproche a la gente que se masturba. Esta imagen mundana ha destrozado la idea de Dios, convirtiéndolo en un cuento para niños de poca credibilidad.
Para Jung Dios no está arriba en las nubes, sino en el subsuelo; no es un hombre, sino un símbolo; no es el juez de nuestra sexualidad, sino la misma sexualidad; no es moralista sino indomable, impredecible. Es el bien y el mal, las sombras y la luz, la vida y la muerte. El mundo actual pende de un hilo delgado, y ese hilo es la psique del hombre. Es posible que tengamos que resucitar o reimaginar a Dios para salvarnos del progreso sin rumbo que nos aqueja hoy en día. Mientras que el mundo la religión ha quedado atrás, es posible que estemos al borde de un nuevo mundo donde el inconsciente colectivo tenga un gran impacto en nuestra sociedad, quizá mayor que la praxis del método científico.
Dr. Thomas Raziel, a 24 de Diciembre de 2184
Director del Proyecto Alejandría



