Febrero 22, 2011 | En: Cuento
Hombre de plegarias
Su hija estaba gravísima, la esposa se escapaba con su mejor amigo por las noches, y estaba de deudas hasta el cuello. No sabía cómo iba a pagar la cuenta del hospital, y sólo tenía Maruchans en la despensa. Estaba hundido y enrocado, y el mundo era un sádico que se entretenía clavándole las uñas. Entonces se desesperó, y buscó ayuda fuera de sí: Desde adolescente que se había vuelto ateo, pero qué mejor momento para reconciliarse con Dios.
Hizo una oración y platicó con Él un buen rato. Le dijo que de ayudarlo dedicaría su vida entera a su servicio, que era lo único que tenía, que siempre había sido buen hombre, que su economía, y que su hija. Entonces las cosas empezaron a mejorar como por arte de magia. Resulta que su esposa no lo estaba engañando, por el contrario había conseguido un excelente trabajo gracias a su mejor amigo, y usaron el dinero para liquidar la cuenta del hospital. Su hija salió sin mayores complicaciones, y todos festejaron en un lujoso restaurante, aprovechando la ocasión para despilfarrar el premio mayor que recíen se habían llevado en la Lotería Nacional.
Entonces se sentó de nuevo a platicar con Jesús y decirle que siempre no, que las cosas ya estaban mucho mejor, y todo marchaba de maravilla. Entonces ya no iban a ser necesarios sus servicios. Y por favor que le dejara de recado a su Papá que gracias de todos modos, a ver si ahí pa’ la otra.




